lunes, 19 de enero de 2015

Cuidando al adulto mayor en casa

El aseo del adulto mayor
El aseo de tu ser querido es algo elemental pues de ello dependerán la comodidad y el buen estado de ánimo del adulto mayor, indispensables para su bienestar. El aseo requiere, como todas las atenciones y servicios que le proporcionas, de tu paciencia y buena actitud.

Baño.
El baño puede realizarse desde cada dos días hasta cada cinco, dependiendo de factores como el peso del adulto mayor ,la frecuencia de sus evacuaciones, la limpieza al dársele sus alimentos, las dificultades que represente su traslado al baño por la distribución de la casa, etc.
Debes utilizar jabones neutros, o especiales que no resecan demasiado la piel (de almendra, de cacahuate, etc.), o los que proveen ciertos lubricantes apropiados para la misma.
Reemplaza el tradicional estropajo por una toallita facial o por una esponja; en el mercado local hay esponjas con felpa en el lado opuesto que constituyen un excelente auxiliar para el baño.
El baño del adulto mayor se lo deberás dar siempre sentado, en una silla de plástico, con piernas abiertas y que cuente con un orificio para poder asear perfectamente las “pompis” (glúteos) y sus más recónditas áreas, para impedir el desarrollo de focos de infección en esas áreas de tan difícil acceso.

Seca cuidadosamente todo el cuerpo, ya que la presencia de humedad favorece extraordinariamente el desarrollo de infecciones causadas especialmente por hongos. El secado debe de ser mucho más escrupuloso en el paciente diabético.
El mismo cuidado en el secado debes aplicar especialmente a los pies puesto que las infecciones que mencionábamos determinan una cantidad extraordinaria de complicaciones. Éstas van desde la simple comezón o pies ardorosos hasta graves problemas circulatorios que conducen irremediablemente a la amputación de dedos o hasta del mismo pie, hecho frecuente en el paciente diabético.
El aseo de los genitales del adulto mayor exige de todo tu tiento, respeto y minuciosidad, no olvides que estás tocando lo más delicado en lo referente al pudor del individuo, pero por otro lado, lo que peores olores produce y en donde más bacterias y bichos se esconden. Mencionado esto, utiliza una toallita de felpa o de algodón (toalla facial) impregnada de espuma de jabón y cuidadosamente asea a fin de prevenir cualquier irritación o infección que se pueda producir a consecuencia de una limpieza mal proporcionada.
 

Baño de esponja.
El baño de esponja es una alternativa que debes adoptar cuando la persona está permanentemente en la cama y el traslado al cuarto de baño es doloroso o dificultoso.
El baño de esponja se realiza sobre la cama misma: cierra las puertas y mantén las ventanas entreabiertas evitando corrientes de aire, desnuda completamente a la persona y colócale debajo del cuerpo una sábana plastificada. Para ello rota el cuerpo y desliza la sábana por debajo, enseguida voltéalo hacia el otro lado y desliza el resto de la misma. Coloca sábanas enrolladas en los lados de su cuerpo, empacando minuciosamente y cuidando que no queden espacios vacíos. Procede a enjabonar su cuerpo con la toallita facial repleta de agua jabonosa. Retira la espuma con la misma toallita con agua limpia. El agua que escurra hacia los lados se retendrá en la sábana enrollada. Una vez que termines de asear la parte superior de su cuerpo voltéalo hacia un lado, y repite la misma operación en el otro lado. Evita colocarlo boca abajo para que no trague agua y espuma contenidas bajo su boca, lo cual resultaría desagradable e incluso peligroso.
Lava minuciosamente cada parte de su cuerpo, incluidos los genitales, separa los pliegues y asea dentro; la vergüenza conduce a complicaciones derivadas del desaseo.
Seca y lubrica de la forma antes mencionada, sigue los procedimientos cosméticos, de afeite, vestido y...¡listo! Nuevamente el adulto mayor se encuentra limpio y perfumado, de nuevo seguro de sí mismo, pues tus cuidados fueron bien proporcionados.
Absolutamente toda la piel del cuerpo del adulto mayor debe lubricarse, ya sea con cremas o con aceites, porque la acción del jabón, sea cual sea, desprovee a la piel, del ya de por sí escaso, lubricante natural que posee. El uso del talco debes limitarlo a situaciones muy especiales, por ejemplo cuando una mano se encuentra cerrada por un espasmo en el paciente con un problema neurológico. En tal caso es muy frecuente que el adulto mayor desarrolle infecciones por hongos o por otros bichos, para evitarlo es útil que impregnes un algodón con talco medicado, de preferencia, y lo coloques dentro de la cavidad de la mano. Para mantener el algodón en su lugar coloca un calcetín con elástico un poco flojo o una mallita tubular; será suficiente y no necesitarás usar vendas.
También se recomienda el talco cuando existe excesiva humedad en algunos pliegues del cuerpo de la persona (ingles, axilas), aunque el aseo frecuente siempre será lo más aconsejable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario